domingo, 3 de abril de 2016

13 ISRAEL

23 de Marzo de 2016
Jerusalem

Mucha policía en Jerusalem. Todos muy jóvenes.
De Jordania pasamos a Israel. Nos habían contado mil historias acerca de la complicada frontera israelí. Efectivamente, nos hicieron sacar absolutamente todo de la furgoneta, hasta los Kleenex de la guantera. Después ellos se llevaron la furgo a una nave para pasarla por rayos X. También nos habían hablado de entrevistas en tono agresivo, como en las películas cuando intentan detectar a un espía. No hubo tal “tercer grado”, y el proceso, en total no pasó de las tres horas. El personal fue en todo momento correcto y eficaz. Tuvimos un problema con el seguro de la “Hippie”. Este país reconoce la “carta verde”, es decir, el seguro europeo, pero no aceptaban fotocopias, que es lo que nosotros teníamos. Tras un tira y afloja adornado con un “quiero hablar con su jefe” la cosa se solucionó. Resulta que el jefe de aduanas había estado en nuestro país y, al ver nuestra matrícula española, se había enrollado conmigo durante el registro y nos hicimos amiguetes. Supongo que eso ayudó a solucionar el asunto del seguro, porque el funcionario malencarado de la ventanilla no estaba, en absoluto, por la labor.
Bañito en el Mar Muerto

Cigüeñas en el vertedero
Viajar en furgoneta-caravana por Israel es un placer. Puedes acampar en una playa, en un parque público o en un monte sin que nadie te dé la lata. Gratis y, normalmente, con WC y algún grifo a mano. Un paraíso para los furgoneteros. He de decir que la primera noche acampamos en el aparcamiento de un centro comercial y a las cuatro de la mañana la policía aporreó la furgo a base de bien.
-“Es que nos ha llamado un vecino por un vehículo sospechoso”- nos dijo el oficial.
-“Lo entiendo, lo entiendo” -le dije mientras pensaba “pedazo de borrico, ¡qué susto me has dado!”

El objetivo principal de nuestro paso por aquí era tomar un ferry con destino Grecia, pero resulta que desde hacía pocos días no aceptaban pasajeros; la furgoneta sí, pero nosotros deberíamos tomar un avión. No nos convencía el plan, de manera que optamos por otro ferry (Grimaldi) que va a Salerno, Italia. La pega era que era más caro y que el siguiente barco no zarpaba hasta diez días después. No hay problema, aprovechamos para darnos una buena vuelta por este país que nos está resultando muy muy interesante.
Estos israelitas aficionados al camping habían estado tres veces en España con sus caravanas.

Los locales son grandes aficionados a la vida al aire libre. Campamento en el desierto de Néguev durante un fin de semana.

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